A veces, solo a veces, la publicidad se pone cínica. A veces, solo a veces, deviene filantrópica. Casi nunca se da la circunstancia de ver, a un tiempo, dos ideas paradas en lados opuestos al que habitualmente lo hace la publicidad. Está la
TV codificada, los libros (caros), el restrictivo cartel “solo para socios” o cualquier camiseta Nº 10; entre las segundas, un taxi en día de lluvia, la sombra para estacionar el auto un día de pleno sol o una hamaca libre en una plaza llena de niños. “Ya hay demasiadas cosas para pocos”
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